Hace muchos años, el sonido de las campanas se escuchaba, no sólo se oía, y eran ellas las que marcaban el tiempo y, con ello, nuestras vidas.
Ahora al tiempo no lo respetamos, lo arrasamos, lo cabalgamos, y los campanarios persisten como un recordatorio de que todavía podemos regresar a la paz de entonces.

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