En algunas culturas la muerte se celebra con colores de felicidad y brillo. Al margen del dolor, la muerte es triste porque a quienes nos quedamos nos priva de una presencia que necesitamos. Pero ¿podemos verlo desde el punto de vista de quien concluye su existencia? ¿es para él este un tránsito de tristeza o el viaje a otra realidad mucho más enriquecedora? Las nuevas etapas son siempre un viaje a Ítaca. ¿No sería más generoso pensar en ellos que en nosotros mismos?.
En cada ventana, en cada casa, al menos una vida, con pasado y futuro pero sobre todo con presente. Cada ventana, cada casa, alberga alegrías, fracasos, miedos, decepciones o victorias. En cada ventana, en cada casa, lo inmaterial, sueño, y lo material, realidades. Y cada casa, cada edificio, cada ciudad, inmensos contenedores del maravilloso regalo que es la humanidad.