Cuando éramos pequeños, coloreábamos como juego, sin ningún objetivo, tal vez simplemente embellecer una silueta. Cuando crecemos, los colores siguen siendo una herramienta útil que actúa directamente sobre nuestra percepción. Colorear monumentos es una forma de homenaje pero también de captar nuestra atención, ya que algunas de las veces desconocemos el motivo. Porque, por ejemplo, el rojo en una fachada no puede dejar de ser un grito que nos diga "Mírame¡".
VEO
VEO Los ojos, el tiempo y el corazón pueden conformar la forma perfecta de mirar. Aire que entra por los ojos.