Hay palabras que tienen sentimiento, sí, depende del contexto en que se digan, pero en ocasiones esos contextos se repiten. Verano, cuando se pronuncia a finales de agosto, tiene una pátina de nostalgia, por algo que termina y nos ha lavado mente y cuerpo con luz. Posiblemente, en esa nostalgia estén siempre también otros veranos, aquellos eternos de nuestra infancia que marcaban nuestra niñez. No olvidemos de traer de entonces algo de pintura para manchar nuestros veranos de adultos.
Muchas veces he comentado aquí lo milagroso de lo irrepetible de un instante. Sólo vivo por ser captado en una fotografía. Que decir cuando además interviene aquello que es etéreo, la luz en este caso. Y es sorprendente hacernos a la idea de que el retrato de este relámpago atravesando las nubes es único, que nunca volverá a ocurrir, pero además, no existe otra confirmación de que esto ha sucedido que esta fotografía. Por eso la vida es grande, inmensa y rica, porque está compuesta de instantes que son siempre nuevos.