Desde el inicio de los tiempos, los seres humanos se han refugiado en las ciudades. Allí han convivido, creado sus espacios, trabajado, formado familias,,,. Y a medida que la civilización se iba haciendo mayor, se incorporaban brillos, colores, ruido... al tiempo que las personas empezaban a ocuparse de sui mismas y ampliar el espectro de sus vidas. Las ciudades son el mejor reflejo de la historia de la humanidad.
Cuando éramos pequeños, coloreábamos como juego, sin ningún objetivo, tal vez simplemente embellecer una silueta. Cuando crecemos, los colores siguen siendo una herramienta útil que actúa directamente sobre nuestra percepción. Colorear monumentos es una forma de homenaje pero también de captar nuestra atención, ya que algunas de las veces desconocemos el motivo. Porque, por ejemplo, el rojo en una fachada no puede dejar de ser un grito que nos diga "Mírame¡".