Al margen de que la lluvia sea muy fotogénica, imágenes como esta me hace pensar que existe una realidad paralela que retrata a la existente y donde cualquier efecto externo forma parte del todo con la misma solidez que un edifico, un automóvil o un paseante con paraguas. Me refiero al color del aire, los reflejos que los charcos crean en el suelo, el halo de las luces.... Hay una realidad que es crónica de la que conocemos y tiene su propia esencia.
Las calles avenidas de las ciudades capitales se convierten por la noche en una explosión de luces, ruidos y movimiento. Es una agresión a nuestros sentidos, pero una agresión que habla de vida, que impulsa nuestra sangre a moverse más deprisa, que nos eleva con una sensación fascinante de elevación y pérdida. No todas las agresiones duelen. Algunas nos recuerdan que somos seres vivos.