Las calles avenidas de las ciudades capitales se convierten por la noche en una explosión de luces, ruidos y movimiento.
Es una agresión a nuestros sentidos, pero una agresión que habla de vida, que impulsa nuestra sangre a moverse más deprisa, que nos eleva con una sensación fascinante de elevación y pérdida.
No todas las agresiones duelen. Algunas nos recuerdan que somos seres vivos.

Comentarios
Publicar un comentario