La lluvia difumina los contornos de la ciudad, la hace líquida.
Podríamos plantearnos si realmente es como la vemos cuando creemos que es una realidad definida o cuando se diluye ante nuestros ojos entre reflejos y sombras. O si ambas miradas son ciertas y la ciudad es una entidad flexible, viva, orgánica.
Tal vez todo tenga a nuestro alrededor el movimiento de lo vivo, aquello que muta. Quizás la realidad no sea algo tan sólido.

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