Deberíamos de vivir cada estación de una forma determinada, vestirnos interiormente a su llegada con la forma de mirar adecuada y ,los sentimientos precisos, existir en consonancia con el exterior.
Y en la primavera pensar desde la frescura de los nacimientos y los inicios, con la belleza simple y expuesta, coloreando nuestro alrededor en una ligereza superficial y , eso sí, delicada.
Disfrutar con un corazón que quiere ser alegre y que, por unos meses, huirá de la trascendencia.

Comentarios
Publicar un comentario