Las celebraciones tienen un efecto físico, estoy seguro. Nos brilla la piel y los ojos, nuestros movimientos son más ágiles, nuestro caminar más ligero. Nos empapamos de colores y los buenos sentimientos multiplican su poder. Además, se dispara la adrenalina.
Cuando esa celebración es conjunta, la comunidad tendría la fuerza de un titán.
Quizás en lugar de potenciar la ira, los ejércitos deberían potenciar la alegría antes de las batallas.

Comentarios
Publicar un comentario