De dentro hacia afuera, por una ranura.
Porque hay una vida exterior y otra interior.
Está última está compuesta de susurros y silencios, de miradas. Todo ello, una gramática para escribir las relaciones humanas, integrándose y mutando a través del paso del tiempo.
También existe la vida de luz y color, de gritos y carcajadas que se maceran al sol y se enfrían con la luna. Pero de esa hablaremos otro día.

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